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1/
Infecciones Urinarias |
Sumario
Las infecciones urinarias se dan con
más frecuencia en los diabéticos que en la población general.
Esta disparidad es más aparente que real, debido, en cierto
modo, a la frecuencia con que se realizan análisis de orina los
diabéticos. Las infecciones son a menudo graves.
Debido al riesgo de infecciones graves, sólo se debe realizar un
sondaje vesical a diabéticos cuando existen razones que lo
justifiquen.
El tratamiento es el convencional, aunque es necesario que dure
más para lograr la curación completa. Es fundamental realizar
exámenes frecuentes para detectar recaídas y recurrencias.
2/
Nefropatía Diabética |
Sumario
Debido a las alteraciones que se
producen en la estructura renal en los pacientes diabéticos, la
función depuradora de la sangre que lleva a cabo este órgano se
van deteriorando de forma progresiva, produciendo un aumento
constante de las cifras de urea en sangre y una pérdida
progresiva de proteínas a través de la orina. Esto da lugar a
una hipoalbuminemia, o disminución de proteínas y la
consiguiente aparición de edemas (retención de líquidos).
Después de un período de años, aparece el cuadro clínico
completo, con hipertensión, edemas periféricos importantes y
uremia (aumento de la urea en sangre). Algunas complicaciones,
como el infarto de miocardio, la insuficiencia cardíaca, los
accidentes cerebrales, la neuropatía (lesiones en nervios
periféricos) y la enfermedad vascular periférica (ver
arterioesclerosis de las extremidades), agravan el problema.
La eliminación de albúmina en la orina es uno de los signos
fundamentales que nos va a permitir predecir el grado de lesión
renal.
Cuanto mayor es la tasa de excreción de albúmina, mayor valor
tiene como factor predictivo de la aparición posterior de
nefropatía clínica, siempre que se excluyan otras causas que
pueden provocarla (mal control de la diabetes, hipertensión,
infecciones, ejercicio )
La prevalencia de nefropatía en los diabéticos insulino
dependientes aumenta con la duración de la enfermedad. Muestra
un predominio del sexo masculino.
El 45 % de todos los pacientes con DMID desarrollan nefropatía
clínica.
La nefropatía diabética es una complicación grave y es la causa
de muerte del 25 % de todos los DMID.
Durante los primeros años de DMID se puede encontrar
microalbuminuria (albúmina en orina solo detectable mediante
análisis especifico) si se busca. Después de 15 años aparece la
macroalbuminuria (albúmina detectable mediante un análisis
normal de orina), que al principio puede ser intermitente y/o
provocada por el ejercicio. Posteriormente, la albuminuria es
persistente y aumenta de intensidad.
Los pacientes con una proteinuria de aparición tardía mostraron
una supervivencia inferior a la de los pacientes con proteinuria
de aparición precoz, lo que puede reflejar una heterogeneidad de
la nefropatía diabética.
La función renal puede permanecer normal durante años y,
posteriormente, empieza a disminuir.
La ausencia de otras complicaciones diabéticas, sobre todo de la
retinopatía, sugiere que la diabetes puede no ser la causa de la
insuficiencia renal.
El control estricto de la DM y de la hipertensión puede
enlentecer la progresión inevitable hacia la insuficiencia renal
terminal. Los requerimientos de insulina disminuyen, porque
también disminuye el catabolismo (eliminación metabólica) renal
de la insulina. En los pacientes tratados con antidiabéticos
orales, estos medicamentos deben sustituirse por insulina cuando
aparece la insuficiencia renal, para evitar los fenómenos de
acumulación.
Una vez establecida la insuficiencia renal, la elección se sitúa
entre la diálisis y el trasplante.
Para algunos pacientes la
hemodiálisis se utilizará como tratamiento temporal, mientras
que en otros es el tratamiento de elección o el de reserva (en
caso de que falle la diálisis peritoneal).
El trasplante debe ser la primera
elección, sobre todo en pacientes jóvenes, y debe realizarse tan
pronto como el aclaramiento de creatinina caiga por debajo de 15
ml min.
La calidad de vida después de un trasplante con éxito es muy
superior a la de cualquier otro tratamiento, aunque la
retinopatía, los problemas vasculares centrales o periféricos y
las amputaciones pueden producir una mortalidad considerable.
La selección de los casos adecuados es de gran importancia,
sobre todo porque los donantes son escasos. La tasa de
supervivencia del injerto a los 2 años varía del 80 %, cuando el
donante es un familiar vivo del receptor, al 40 % cuando se
trata de un trasplante de cadáver.
En el riñón trasplantado aparecen las lesiones histológicas
características, pero hasta la fecha no hay ninguna historia
documentada de insuficiencia renal del riñón injertado por
nefropatía diabética.
Los pacientes más adecuados para el trasplante son los menores
de 40 años con buena visión y con neuropatía, enfermedad
coronaria y enfermedad vascular periférica leves. |
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