Alergias Alimentarias
  
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SUMARIO:

1 - Alergias Alimentarias
2 - Síntomas
3 - ¿Cómo actuar ante la posibilidad de una alergia?
4 - ¿Quiénes están en riesgo?
5 - ¿Qué debo hacer si creo tener una alergia alimentaria?
6 - Alimentos que deben evitarse
7 - Problemática Social

Más acerca de Alergias e Intolerancias Alimentarias

 


1/ Alergias Alimentarias
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Según las encuestas, aproximadamente el 20% de los adultos afirman ser alérgicos a algún alimento. Sin embargo, tras un minucioso examen, se diagnostican alergias tan sólo en el 1% de los casos. Los niños son mucho más propensos a padecerlas debido a que su sistema inmunológico todavía no está completamente desarrollado.
¿En qué consiste la alergia a los alimentos?
Este tipo de alergia consiste en una reacción a un alimento o a alguno de sus componentes en la que interviene el sistema inmunológico del organismo. Se dan otras reacciones que afectan al metabolismo y no al sistema inmunológico. Se habla, entonces, de intolerancia a ciertos alimentos, es el caso de la intoxicación alimentaria o la carencia de enzimas, que dificulta la digestión de ciertos componentes, como la lactosa (el azúcar de la leche).

Las reacciones adversas a un alimento pueden ser gastrointestinales, cutáneas o generales como presión baja
El término alergia alimentaria ha sido confundido por mucho tiempo, ya que es erróneo el pensar que todas las reacciones a los alimentos tienen una base alérgica.

Para decir que se tiene una verdadera alergia alimentaria, debe estar diagnosticada apropiadamente por un médico.

El término reacción adversa a los alimentos es la expresión general que se debería usar cuando se tiene una de estas reacciones no identificadas apropiadamente.

La reacción adversa se divide en dos categorías:

Intolerancia al alimento: es una reacción adversa producida por intoxicación, por intolerancia metabólica, aversión psicológica a algún alimento o por reacciones farmacológicas.

Hipersensibilidad al alimento: se da cuando el sistema inmune reacciona a una sustancia (alimento) que por lo general es inocua, debido a que se identificó erróneamente como dañina.

Debido a esta mal clasificación, muchas personas creen tener alergias a los alimentos cuando en realidad tienen reacciones adversas. El porcentaje real de personas con alergias alimentarias (confirmadas por estudios) va del 0.1 al 8% en la población general.

Entonces ¿Qué es una alergia alimentaria?

Las alergias alimentarias o reacciones alérgicas, son respuestas del sistema inmune hacia una sustancia identificada en algún alimento llamada alergeno. Este alergeno desencadena varias reacciones, entre ellas, la producción de anticuerpos, que son los encargados de “atacar” al alergeno y secretar una serie de sustancias, como histamina, serotonina y cinina, las cuales producen los síntomas ya conocidos como: inflamación, secreción de moco y prurito (comezón).

 


2/ Síntomas
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Las alergias alimentarias se expresan con una amplia gama de síntomas, la mayoría son leves, pero se debe tener en cuenta que existe un numero pequeño de personas que sufren de shock anafiláctico, el cual es una reacción alérgica aguda, grave y a veces puede causar la muerte si no se trata de inmediato.

  • Manifestaciones gastrointestinales Dolor abdominal

  • Náusea

  • Vómito

  • Diarrea

  • Hemorragia gastrointestinal

  • Enteropatía y pérdida de proteína

  • Prurito oral y faríngeo

  • Manifestaciones cutáneas Urticaria

  • Inflamación de la piel, boca, garganta, lengua

  • Enrojecimiento

  • Prurito

  • Manifestaciones respiratorias Moqueo

  • Congestión nasal y estornudos

  • Asma

  • Tos

  • Inflamación de la garganta

  • Manifestaciones generales Anafilaxis (shock)

  • Hipotensión (baja la presión arterial)

En muchas ocasiones se pueden presentar trastornos de la conducta, fatiga, tensión, trastorno de déficit de atención e hiperactividad, trastornos psiquiátricos, neurológicos y migraña; pero estos no han sido demostrados.

Alergenos en los alimentos

Los alergenos más comunes, en general, son los que tienen un elevado contenido de proteína, por lo general de origen marino o vegetal, pero la alergia alimentaria se puede dar por casi cualquier alimento incluido en la dieta.

Los más nombrados son:

  • maní / cacahuates

  • nueces

  • mariscos

  • pescado

  • leche de vaca

  • huevos de gallina

  • soya

  • trigo

  • y a veces se habla de frutillas / fresas y chocolates (aunque no se han comprobado)

La capacidad alergénica de algunos de ellos desaparece cuando se cocinan o se procesan, al desnaturalizar las proteínas. Las técnicas de procesamiento más modernas, pueden ayudar a reducir la alergenicidad de algunas proteínas alimenticias. También se pueden eliminar los alérgenos de los aceites mediante el refinado. Algunos de los problemas sin resolver en cuanto a alergias alimentarias están relacionados con la presencia en pequeñas cantidades de un determinado alérgeno en alimentos procesados o en platos consumidos fuera de casa.

 


3/ ¿Cómo actuar ante la posibilidad de una alergia?
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Cuando exista la sospecha de que se padece una alergia, se recomienda dejar de comer el alimento susceptible de provocarla hasta que se realice un examen médico para determinar las causas, ya que otros factores, como la mala condición física, podrían producir síntomas similares. Si, en efecto, los síntomas derivan de una alergia, es necesario consultar a un alergólogo. Sólo se obtendrá un diagnóstico fiable de alergia alimentaria si se realizan las correspondientes pruebas dermatológicas (aplicación de muestras del alimento sobre la piel) y las dobles pruebas a ciegas de suministro por vía oral (ingesta del alimento y de un placebo en forma de cápsulas, sin que ni el doctor ni el paciente conozcan su contenido).

Vivir con una alergia alimentaria
Todavía no se ha descubierto el tratamiento capaz de sanar de forma permanente las alergias a los alimentos. Si el diagnóstico es afirmativo sólo existe una solución eficaz, consistente en renunciar al alimento en cuestión. Debemos ser conscientes de que la eliminación radical de alimentos, sobre todo cuando se trata de alimentos básicos, requiere un seguimiento médico para evitar posibles desequilibrios dietéticos. Cuando se aplica a los niños, hay que prestar especial atención
 

 


4/ ¿Quiénes están en riesgo?
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En el riesgo para desarrollar una alergia a los alimentos intervienen varios factores como la herencia, la exposición a un alimento, la permeabilidad gastrointestinal, la cantidad de alérgeno que se ingiera y factores del ambiente.

 


5/ ¿Qué debo hacer si creo tener una alergia alimentaria?
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Primero, debes acudir al médico a que te realice las pruebas adecuadas como:

Pruebas cutáneas. En donde se aplica una gota de antígeno sobre la piel para ver la reacción
Prueba radioalergosorbente (RAST). Se mezcla la sangre del paciente con el alérgeno y se utiliza un antígeno marcado radioactivamente.
Ensayo Inmunosorbente ligado a enzima (ELISA). Es lo mismo que el RAST pero sin el alérgeno marcado.
Reto alimentario de doble ciego controlado con placebo. Esta es la prueba de oro en la detección de alergias. En esta prueba, se coloca el alérgeno bajo sospecha en una cápsula o se esconde en un alimento y se da de comer al paciente en condiciones clínicas estrictas, es decir el paciente no sabe lo que esta ingiriendo. Estas pruebas permiten que los médicos especializados en alergias e intolerancias alimentarias identifiquen la mayoría de los alimentos y componentes alimenticios que causan efectos adversos.
Después de haber identificado mediante alguna prueba, que es lo que te está causando la alergia y si realmente es una alergia, debes omitir totalmente al alérgeno de tu alimentación. Esto se oye muy fácil, pero en la práctica es un poco más complicado, ya que existen muchos alimentos que contienen el alérgeno en su elaboración pero no lo dice en la etiqueta, lo que provoca una reacción alérgica, aunque no se esté consumiendo el alimento en sí.
 

 


6/ Alimentos que deben evitarse
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A continuación se enlistan ciertos alimentos que deben evitarse, ya que contienen al alérgeno en cuestión:

Alergia al huevo: alimentos que se deben evitar:

  • Salsa bearnesa

  • Huevos secos

  • Ponche de huevo

  • Clara y yema de huevo

  • Mayonesa

  • Sustitutos de huevo

  • Huevo en polvo

Alergia a la leche: alimentos que se deben evitar:

  • Leche

  • Sabor de mantequilla artificial

  • Mantequilla

  • Grasa de mantequilla

  • Aceite de mantequilla

  • Caramelo

  • Dulce de algarrobo

  • Queso

  • Requesón

  • Natilla

  • Suero de leche

  • Leche evaporada

  • Leche de cabra

  • Helado de crema

  • Crema light

  • Malteada

  • Chocolate semidulce

  • Crema ácida

  • Aderezos de crema

  • Yogurt

Alergia al maní / cacahuate: Evitar

  • Nueces

  • Maní / Cacahuates

  • Aceite de maní / cacahuate

  • Dulce tipo nougat

  • Harina de maní / cacahuate

  • Mantequilla de maní / cacahuate

  • Costras de pay *

  • Costras de pastel de queso *

  • Dulce de chocolate *

  • Helado de crema *

  • Salsas *

    *Productos que pueden llegar a contener maní / cacahuate

Alergia al trigo: evitar

  • Harina de trigo

  • Harina para pan

  • Harina para pastel

  • Extracto de cereal

  • Couscous

  • Salvado de trigo

  • Pan de trigo

  • Semillas de trigo integral

  • Salchichas *

    *Algunas salchichas son elaboradas con harina de trigo, por lo que se debe analizar los ingredientes de la etiqueta con detenimiento.

 


7/ Problemática Social
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Los alérgicos a alimentos y sus familiares, se enfrentan con una serie de problemas derivados,
sobre todo, de la poca información y del desconocimiento del tema.

La Asociación Española de Padres y Niños con Alergia a Alimentos pretende con sus programas
formar e informar de la repercusión social del problema y dictar las pautas generales para mejorar la calidad de vida de las personas afectadas.

La primera toma de contacto con la enfermedad suele aparecer en los niños de manera muy brusca:
el bebé se sensibiliza con la primera toma de biberón, dada generalmente en las maternidades,
pasando este hecho inadvertido por los padres, posteriormente, si el niño continúa de manera normal
con la lactancia materna, no será hasta la toma del segundo biberón cuando aparezcan los síntomas
de la enfermedad. En numerosos casos, la ingesta de esta segunda toma produce una reacción de anafilaxia, temiendo incluso por la vida del bebé; en otros casos pueden aparecer otro tipo de síntomas, diarreas, vómitos, dermatitis, asma, etc., lo que puede retrasar un diagnóstico correcto.

Todo esto sucede en el caso de la alergia a leche de vaca, si la alergia es a otros alimentos, su descubrimiento se hace de manera similar, cuando se come el alimento implicado.

Es primordial que el pediatra detecte estos síntomas y sepa interpretarlos correctamente, tomando las medidas oportunas para descartar una alergia alimenticia o derivando el problema hacia los
especialistas. Nos encontramos con numerosos casos de niños mal diagnosticados de base y sin tratamientos correctos.


Una vez diagnosticada la alergia a alimentos comienza nuestra gran batalla por la supervivencia. Los padres, desorientados completamente, nos enfrentamos a la búsqueda de alimentos capaces de
sustituir a los alergénicos, porque se nos plantean importantes dudas acerca de su nutrición, si mi
hijo no puede comer leche, ¿donde encuentro ese aporte de calcio?.

No existen productos específicos para alérgicos a alimentos, (salvo la leche especial para lactantes),
esto nos lleva al peligro de dar a los niños alimentos que contengan algún ingrediente nocivo para su
salud. Además los fabricantes, dada la actual normativa sobre etiquetado que permite la utilización de ingredientes compuestos, sin la obligatoriedad de aclarar su contenido, pueden incluir en la fabricación
de sus productos, por ejemplo, derivados lácteos, o huevo sin declararlo. Nos encontramos con
numerosos productos manufacturados que utilizan derivados o aditivos que contienen alimentos que pueden ser desencadenantes de reacciones alérgicas.


El problema particular de esta patología es que el abanico de alergias es muy amplio, desde cereales, frutas, legumbres o frutos secos, hasta leche, huevos y pescado. En definitiva se ve afectada toda la pirámide alimentaria.

Además, debemos recordar que las reacciones alérgicas no sólo se producen con la ingesta del
alimento, sino también por inhalación o contacto,. También es importante saber que no existe relación entre la cantidad ingerida y la reacción alérgica, una pequeña cantidad, puede en ocasiones producir
una reacción más grave que una gran cantidad.


Todo lo relatado influye en el comportamiento de los padres, (pues los propios enfermos suelen ser demasiado pequeños para tomar conciencia de ello). Uno de los primeros sentimientos que tenemos
es el de absoluta soledad, no existe conocimiento social del problema y nos enfrentamos a tener que luchar solos ante él, la existencia de ayudas por parte de la Administración es muy escasa, o casi
nula, no existen listas de alimentos, productos e ingredientes que supuestamente son causantes de reacciones alérgicas, y somos los padres los que tenemos que asumir esta tarea de búsqueda. Esto conduce por una parte, a la eliminación de la dieta de muchos productos ante el temor de una reacción alérgica y por otra, a la superprotección del niño.


Inmediatamente después aparece en los padres el problema del aislamiento, no existe comprensión
ante las limitaciones que conlleva, no sólo por la elección de los alimentos adecuados, sino por su manipulación; incluso a los miembros de la misma familia (abuelos , tíos) les cuesta creer las graves consecuencias que puede tener el que el niño tenga contacto con los alimentos alergénicos. El niño
no puede comer fuera de casa: colegio, cumpleaños, salidas extra-escolares, etc, por temor al riesgo permanente de sufrir un episodio grave.


La gente que nos rodea no comprende el alcance real del problema, se muestran incrédulos y dudan
de nosotros, algunos allegados piensan que es ñoñería del niño o de los padres y que no come un determinado alimento porque no le gusta. Los padres, por no dar continuamente explicaciones,
callamos y muchas veces cometemos el error nosotros mismos de la marginación de nuestros hijos,
se deja de salir con amigos o familiares que no entienden la situación. Aparecen sensaciones de culpabilidad y de no saber como actuar. Por otro lado al niño, aunque suele ser muy responsable, le apetece comer cosas que no puede, quizás por envidia de sus hermanos y amigos y no sabemos
como prohibirlo, eso puede generar un sentimiento de pena y compasión por parte de los padres ante
las limitaciones que tiene ese hijo con respecto a los demás.


Paralelamente aparece la tensión en el seno de la familia, los niños con alergia a alimentos suelen
sufrir numerosos ingresos hospitalarios, provocados generalmente por las crisis asmáticas que
padecen, las reacciones alérgicas y los episodios agudos de dermatitis atópica. Los padres faltamos
al trabajo para atender a nuestros hijos, esto unido a la falta de confianza en la persona que dejamos
al cuidado del hijo, nos conduce a que muchas madres dejemos de trabajar definitivamente.

Por otro lado, el cuidado de estos niños puede tener repercusiones económicas, los productos tanto
de alimentación, como de higiene, suelen ser mucho más caros y en numerosos casos no los cubre la Seguridad Social.


A toda esta problemática social debemos añadir las dificultades que sufrimos cuando el niño se debe incorporar al colegio, cuestión que se intenta retrasar lo más posible. La escuela de educación infantil
es el primer ámbito, fuera de su casa, en el que se tiene que desenvolver el niño. Aquí aparece de
nuevo el miedo, la angustia y el aislamiento.


Nos cuesta trabajo encontrar escuelas que cubran nuestras necesidades, muchas veces nos vemos obligados a elegir centros que en algunos casos no son los más adecuados a nuestras ideologías,
centros a los que nos gustaría llevar a nuestros hijos si no tuvieran esta problemática. La lejanía es lo
que más nos condiciona la elección del colegio por tener que utilizar obligatoriamente el servicio de comedor. Entonces optamos por otros centros más cercanos, anteponiendo la salud de nuestros
hijos a nuestras preferencias.


Nosotros los padres, alertamos al máximo a los profesores, pero estos no tienen información acerca
del problema, solamente nuestras referencias e indicaciones, las cuales, a veces, no muestran una
visión objetiva, porque están planteadas reflejando nuestros propios temores. Los profesores
normalmente, se enfrentan con miedo a las reacciones que pudieran tener los niños y muchas veces
esa sensación de desconocimiento les hace optar porque el niño no intervenga en determinadas actividades.

El niño no debe comer nada que le ofrezcan otros niños y debe estar constantemente bajo la vigilancia
del profesor, tampoco debe comer nada por iniciativa del profesor, solamente la comida que le han
enviado o autorizado los padres.


El niño además, se puede sentir aislado por sus propios compañeros con los cuales no puede
compartir golosinas, ni dulces en fiestas infantiles, esto a los mayores nos puede parecer una
simpleza, pero a un niño de esta edad el no intervenir en estas fiestas y juegos, le afecta bastante.

Tampoco puede ir a excursiones escolares, visitas a granjas escuela y todas las salidas en las
cuales se coma fuera, o siempre que lo haga habrá de ser bajo estrecha vigilancia y llevándose
su propia comida.


El niño, generalmente, no puede comer en el comedor escolar porque en muchas escuelas, no se
hacen responsables de prepararle su comida especial, por otro lado, el personal de cocinas no sabe
como manipular ni preparar estos alimentos, ni está informado acerca de los distintos ingredientes y denominaciones alergénicas que llevan los productos. Es aconsejable que el niño lleve su propia
comida de casa, y los comedores escolares deberían aceptarlo y no poner obstáculos que dificultan
aun más la problemática de los padres. A muchos de los niños que optan por comer en el comedor escolar, se les sientan en mesas aparte, separados y aislados de sus compañeros por temor
nuevamente, a que se produzca una reacción alérgica.


Aunque el problema sea mayoritariamente de niños, no debemos olvidar a los adultos, los cuales
también se verán afectados, cuando al incorporarse a la vida laboral, tengan que comer fuera de casa,
los comedores de empresa tampoco se responsabilizan de sus dietas.


De igual forma no podrá comer en restaurantes y tendrá muy condicionado los viajes y vacaciones.

Los enfermos de alergia a alimentos suelen sufrir numerosos ingresos hospitalarios provocados generalmente por las crisis asmáticas que padecen. En los hospitales, el personal de cocina tampoco
está informado acerca de los distintos ingredientes que llevan los productos, y aunque se indica claramente en las cabeceras de las camas de los enfermos y en los informes, que esa persona no debe consumir ciertos productos, se ofrece al enfermo, y en numerosas ocasiones, productos que contienen ingredientes que pueden ser desencadenantes de alergias, por ejemplo, y sobre casos reales, se desconoce que un gran número de embutidos contienen caseinatos, derivados de leche y estos
alimentos se ofrecen al enfermo, lo que puede agravar o desencadenar una nueva crisis. Consideramos muy importante esta concienciación al personal sanitario.

 

 
 

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