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Tenemos que hacer ejercicios, nadie lo duda, pero
¿cuánto?. Tenemos que esforzarnos, tampoco nadie lo
duda, pero, ¿hasta qué punto? Para saber cuál es nuestro
límite, es aconsejable tener unas herramientas a mano...
El
trabajo corporal se divide en dos, aeróbico y
anaeróbico. Estas palabras fueron inventadas por Keneth
Cooper en 1960. Aeróbico quiere decir que usa aire.
Anaeróbico quiere decir que no necesita aire. Simple.
Ejemplo. Estás trotando. Sientes tu respiración agitada.
Eso quiere decir que tu cuerpo esta dándole aire a tus
músculos para que puedas seguir moviéndote. Eso es
trabajo aeróbico. Ahora veamos el ejemplo opuesto.
Estas trabajando tus tríceps. Respiras hondo y hop!, tu
respiración se detiene. Hasta que no hayas terminado de
hacer el esfuerzo, no volverás a respirar. Eso es
trabajo anaeróbico.
En
cualquiera de los dos casos, aeróbico o anaeróbico,
estás haciendo un esfuerzo y eso es positivo. La
pregunta del millón es: ¿Cuánta fuerza es mucha fuerza?
Un
test casero para monitorear tu fuerza es hablar. Si
puedes mantener una conversación mientras entrenas
quiere decir que no estás haciendo mucho esfuerzo. Pero
si no puedes terminar la frase "llamen a la unidad
coronaria que me estoy muriendo", quiere decir que te
estás excediendo en el esfuerzo.
Junto con el test casero de hablar hay otros test
simples como:
De
estos cuatro indicadores, el más preciso es tu ritmo
cardíaco (el ritmo cardíaco no es otra cosa que lo que
tu médico llamaría "pulso" y tu pareja "latidos del
corazón"). Recuerda que a mejor nivel de entrenamiento,
más tranquilo será tu ritmo cardíaco.
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Antes de comenzar una dieta
o un programa de entrenamiento físico es aconsejable
realizar una consulta con un médico o profesional
idóneo. |